Ole el carnaval de Cádiz

Lo que más me gusta de enero, además del cambio de solsticio, son los preliminares del carnaval de Cádiz: comparsas, chirigotas, coros y cuartetos se alternan cada noche en el teatro Falla. Las modalidades que compiten por el primer premio poco tienen que ver con otras celebraciones de carnavales como el de Canarias, el de Río de Janeiro o el de Venecia. Chirigotas y comparsas, mis preferidas, se podrían definir genéricamente como coros que se juntan en carnavales para cantar coplas en las que se burlan, ridiculizan y critican diferentes aspectos de la sociedad. Al igual que en el teatro y en la ópera llevan trajes y hay escenografía. Con sus pasodobles, cuplés y popurrís consiguen transmitir gran variedad de sentimientos: no faltan piropos a la “tacita de plata”, o sea Cádiz, bromas acerca de estereotipos locales y crítica social.

En estos tiempos de censura, de dictadura disfrazada de democracia en la que los ciudadanos son multados y condenados por expresar libremente sus ideas mientras la corrupción campa a sus anchas (basta seguir las últimas declaraciones de los imputados en las incontables tramas de corrupción), el carnaval de Cádiz aparece como una bocanada de aire fresco. Sales a respirar la libertad de expresión porque en el carnaval no se censura.

En 2017 Esta chirigota cae bien nos sorprendió con una sátira al rey Juan Carlos y varias comparsas se despacharon a gusto con la traición del PSOE a sus votantes. A Susana Díaz pocas ganas le habrán quedado de mirar el carnaval.

Este 2018 nos propone algunas joyas, como la cultísima comparsa El Perro andalú, clara alusión a Buñuel, Dalí y a toda la generación del 27 en el que se desnudan los estereotipos sobre los andaluces.

Grupo de guasa, la chirigota de El Selu, deja lo local para encarnar a D. Trump presidiendo una reunión jefes de estado de “Naciones Hundidas” a la que asisten A. Merkel, V. Putin y Kim Jong-un entre otros.

Pero dado que la actualidad es crucial en el carnaval (se llega incluso a cambiar las letras entre las diferentes fases de la competición si ha sucedido algo importante) el tema recurrente es el “procés” catalán. Tras el adormecimiento natalicio y epifánico, ha vuelto la tensión a la política, sumamente útil al gobierno para desviar la atención sobre las sentencias a peces gordos de su partido.

Que si Puigdemont aparecerá en pleno debate de investidura colándose por las alcantarillas de la plaza Sant Jaume, que si es legal jurar por Skype. En fin, que tenemos a los medios taladrando el cerebro de los pacíficos españoles para que odien a Puigdemont, a los independentistas y de ser posible a todos los catalanes. Por soberbios y por desleales.

En medio de esta rojigualda fiesta del españolismo del partido Ciudadanos en el que la nueva izquierda no da pie con bola y la vieja se coloca donde más cómoda está, es decir con la derecha, lo más lúcido que hasta ahora oí es el pasodoble de La playa, una chirigota de Conil. «Mas tú adelante, sigue agitando banderitas incansable por la unidad del territorio de tu España, aunque tu España siga rumiando su hambre. Tú sigue así, pero aunque a ti te duela, te lo tengo que decir: en el fondo eso es envidia que te hierve en las entrañas, porque ellos luchan por su Cataluña lo que tú en tu vida nunca has luchado por tu España».

Ole, ole y ole.