En bici

Ramiro Sobral (Buenos Aires 1972) creció en Tucumán, Argentina, pero antes de llegar a Barcelona, hace ya once años, vivió en ciudades como Santiago del Estero, Formosa, Buenos Aires y también en Paraguay. Su pasión por las bicicletas lo marca desde la niñez, cuando iba con su hermano a explorar los cerros tucumanos en una época en que aún no se habían popularizado las mountain bikes.

«Siempre reparaba mis propias bicicletas». Inició su vida laboral en la editorial de su padre, aunque más tarde trabajó de lavacopas, camarero, pintor de brocha gorda entre otros muchos oficios. «A cada lugar al que llegaba, me hacía con una bici, la ponía en condiciones y la usaba como medio de transporte».

 

En Barcelona, sin papeles, probó suerte en la construcción y en bares, pero en su casa reparaba bicicletas y las vendía por internet. Tras reunir algo de dinero, viajó pedaleando hasta Marbella con la idea de quedarse donde encontrara trabajo. La suerte quiso que lo volvieran a llamar de Barcelona, aunque la idea de ser dueño de una actividad propia no lo abandonó en ningún momento. Y así, en 2013, surgió El Ciclo, una tienda en el corazón del Barrio Gótico en la que Ramiro empezó haciendo lo que mejor sabía: reparar bicicletas. Poco más tarde, en colaboración con un amigo, empezaron a organizar tours privados en bicicletas de bambú. Hoy en día siguen haciéndolos, además de venderlas. «El cuadro lo traemos de Rosario (Argentina) y luego las montamos aquí».

Pero la suerte de Sobral volvió a cambiar cuando decidió construir cinco lámparas hechas con piezas de bicicletas para decorar su tienda.

Volaron, literalmente, a Australia e Irlanda. En 2014 ganó el primer premio del Drap-Art Festival Internacional de Reciclaje Artístico de Barcelona y al poco tiempo abandonó definitivamente la reparación para dedicarse al diseño de lámparas y otros objetos.

«Son piezas únicas, hechas solo con materiales de bicicletas. No hay ni un tornillo que no provenga de una bici, tampoco uso pegamento ni soldaduras». Su tienda-taller llama la atención por el orden en la que se apilan ruedas, cadenas, pedales y engranajes con los que da vida a sus creaciones.

A esto le llamo yo reciclarse.

Ramiro Sobral (Buenos Aires 1972) creció en Tucumán, Argentina, pero antes de llegar a Barcelona, hace ya once años, vivió en ciudades como Santiago del Estero, Formosa, Buenos Aires y también en Paraguay. Su pasión por las bicicletas lo marca desde la niñez, cuando iba con su hermano a explorar los cerros tucumanos en una época en que aún no se habían popularizado las mountain bikes.

«Siempre reparaba mis propias bicicletas». Inició su vida laboral en la editorial de su padre, aunque más tarde trabajó de lavacopas, camarero, pintor de brocha gorda entre otros muchos oficios. «A cada lugar al que llegaba, me hacía con una bici, la ponía en condiciones y la usaba como medio de transporte».

En Barcelona, sin papeles, probó suerte en la construcción y en bares, pero en su casa reparaba bicicletas y las vendía por internet. Tras reunir algo de dinero, viajó pedaleando hasta Marbella con la idea de quedarse donde encontrara trabajo. La suerte quiso que lo volvieran a llamar de Barcelona, aunque la idea de ser dueño de una actividad propia no lo abandonó en ningún momento. Y así, en 2013, surgió El Ciclo, una tienda en el corazón del Barrio Gótico en la que Ramiro empezó haciendo lo que mejor sabía: reparar bicicletas. Poco más tarde, en colaboración con un amigo, empezaron a organizar tours privados en bicicletas de bambú. Hoy en día siguen haciéndolos, además de venderlas. «El cuadro lo traemos de Rosario (Argentina) y luego las montamos aquí».

Pero la suerte de Sobral volvió a cambiar cuando decidió construir cinco lámparas hechas con piezas de bicicletas para decorar su tienda.

Volaron, literalmente, a Australia e Irlanda. En 2014 ganó el primer premio del Drap-Art Festival Internacional de Reciclaje Artístico de Barcelona y al poco tiempo abandonó definitivamente la reparación para dedicarse al diseño de lámparas y otros objetos.

«Son piezas únicas, hechas solo con materiales de bicicletas. No hay ni un tornillo que no provenga de una bici, tampoco uso pegamento ni soldaduras». Su tienda-taller llama la atención por el orden en la que se apilan ruedas, cadenas, pedales y engranajes con los que da vida a sus creaciones.

A esto le llamo yo reciclarse.